25 Abr, 2019 por

A los 85 años, recorre la ruta de Siete Lagos en bici

Foto: Diario Andino

 

una bicicleta junto a su hijo Tadeo.

La historia trascendió a través del Diario Andino, medio que relató el viaje que emprendieron los dos hombres oriundos de Buenos Aires.

Amor por la bici

Su amor por la bicicleta los descubrió de grande: a los 70 años y luego de que le robaran sus caballos de la quinta en donde vive en Villa Rosa, provincia de Buenos Aires.

En ese momento, Martín decidió adaptar una vieja bicicleta para poder viajar por las vías del tren todos los días hasta su trabajo (era ingeniero en una fábrica).

“Esa era la forma más directa de ir hasta el Parque Industrial donde trabajaba. Iba y venía todos los días por la  vía muerta que estaba detrás de mi casa. Fue ahí que con  un amigo decidimos que teníamos que viajar en esas bicicletas por las vías del tren y planeamos hacer un viaje desde Campo Quijano en Salta,  hasta el viaducto de Los Polvorillas ( es el famoso puente por el que cruza el tren de las Nubes) Al final hubo varios errores y tuvimos que terminar viajando por la ruta”, relató.

De ese viaje quedó un documental que fue presentado en varios festivales de Cine de nivel Internacional.

El primer viaje que hicieron juntos padre e hijo fue  hace unos 10 años y fue El Camino de Santiago, en España.

“Yo ya lo había hecho solo en una viaje anterior que había recorrido España y Francia, pero esa fue  la primera vez que viajamos nosotros dos juntos”, recordó Martín. Luego viajaron en Chile por la Ruta Austral y por  la Patagonia argentina.

“Ahora decidimos  hacer este viaje y fue todo medio improvisado. Yo justo tenía vacaciones –apunta Tadeo- y a él se le ocurrió salir para acá”. Tadeo no es ningún improvisado en esto de bici turismo: ha viajado por Europa, Laos y Cuba.

La rutina diaria que tienen armada no estipula un kilometraje diario pero  aseguran que pedalean en  promedio unos 30 o  40 Km por jornada.

En los trayectos donde hay subidas muy pronunciadas, el hijo sube primero en su bicicleta, la deja estacionada, baja caminando y luego sube la del padre mientras éste asciende caminando ayudado  por un bastón. “Le duele la rodilla cuando camina mucho, no cuando anda en bici”, dice el  hijo.

“La verdad es que viajando juntos nos llevamos muy bien. Él –dice Martín señalando a Tadeo- es muy meticuloso y yo no lo soy tanto. Como sano, duermo bien hago ejercicio por la mañana antes de pedalear y mi  filosofía para viajar juntos es siempre la misma: hago como si yo contratara a una empresa y dejo que me lleven: lo que él quiera hacer yo lo sigo”, explica el hombre.

Por último, su hijo  agrega: “Somos un equipo que funciona de la siguiente manera: somos tan rápidos como el más lento de los miembros y así vamos, pasándola bien y disfrutando del paisaje y de nosotros”. (Diario Andino)