23 Mar, 2020 por

Carta de lectores: Reflexionando en tiempos de cuarentena

Pablo Dutto es residente de San Martín de los Andes y también profesional de la salud, trabaja en el Hospital de la ciudad y vive el día a día de la pademia del Coronavirus (Covid-19).

«Escribo estas líneas como un ciudadano más de San Martín de los Andes. En las mismas, no se encuentran necesariamente representadas las ideas ni los sentires de la institución en la que trabajo» indicó en el inicio el Dr. Dutto. «Sólo escribo desde el lugar privilegiado que me brinda mi saber disciplinar, técnico, en una crisis que nos atraviesa a todos y cada uno de nosotros».

«El COVID-19, el coronavirus, se acerca lentamente, sin pausa, y está poniendo a prueba los sistemas sanitarios de los países más estables y equitativos del planeta» asegura.

En su carta Pablo esta seguro que: «la medida que tomó el presidente, resaltada positivamente por la Organización Mundial de la Salud (OMS), posee un muy alto costo social y económico. Es responsabilidad de todos nosotros que este costo no sea en vano».

«Cuando se levanten las restricciones de circulación no se acaba todo, por el contrario, se abre el telón para que comience. La situación de Brasil, y posiblemente la de Chile, en ese momento nos van a permitir tener conocimiento de la magnitud de la situación en la región más inequitativa del planeta, posiblemente en ambos países ya con circulación no controlada del virus y etapa de mitigación avanzada».

«Deberíamos aprovechar esta etapa de tensa calma, en donde en general estamos abrumados de información y de malas noticias, para lograr claridad en el rol que cada uno de nosotros deberíamos tener» afirma.

«La velocidad con que se propaga el virus – afirma Pablo – hace que sea imposible prever una respuesta del sistema sanitario en situaciones de circulación libre».

Con respecto a quienes aprovecharon el aislamiento como tiempo de  vacaciones dice: «las largas colas de turistas intentando disfrutar los días de la cuarentena demuestran una marcada inmadurez en nuestra población» y agrega «ojalá este tiempo de restricciones permita que entendamos la seriedad del tema que enfrentamos».

Pablo cierra el texto con una reflexión «esta crisis no la resuelve un sistema, una persona o un partido. Todos debemos hacer un gran esfuerzo en el rol que nos toque, porque la única forma de combatir la pandemia y disminuir su impacto negativo».

Aquí les dejamos la carta completa para que lean:

Reflexionando en tiempos de cuarentena

Escribo estas líneas como un ciudadano más de San Martín de los Andes. En las mismas, no se encuentran necesariamente representadas las ideas ni los sentires de la institución en la que trabajo, ni intentan bajo ningún punto de vista representar una postura que emerge de ella ni de sus directivos. Sólo escribo desde el lugar privilegiado que me brinda mi saber disciplinar, técnico, en una crisis que nos atraviesa a todos y cada uno de nosotros.
Nos encontramos delante de algo desconocido, con comportamiento errático, pero muy preocupante. Mi saber técnico no me quita la preocupación, pero me brinda la posibilidad de entender como es más productivo canalizarla. El COVID-19, el coronavirus, se acerca lentamente, sin pausa, y está poniendo a prueba los sistemas sanitarios de los países más estables y equitativos del planeta. En una medida sin precedentes en el mundo, hace unos días el presidente dispuso la cuarentena obligatoria a todo el país, con escasos casos positivos y ninguno con circulación viral comunitaria. Las medidas dispuestas son inclusive más profundas de las que actualmente están tomando Italia y España, países azolados por la crisis sanitaria y social que produce la epidemia.
La medida que tomó el presidente, resaltada positivamente por la Organización Mundial de la Salud (OMS), posee un muy alto costo social y económico. Es responsabilidad de todos nosotros que este costo no sea en vano. El tiempo que esta cuarentena le brinda al sistema sanitario es invaluable. No sólo le permite mejorar las estructuras sanitarias que posee, aumentando camas y complejidades, sino que también permite comenzar a diseñar planes de acción acorde a los datos que van surgiendo en los distintos lugares en donde el foco de la epidemia se concentra. La posibilidad de entender mejor su comportamiento, las estrategias de contención y mitigación y algún eventual tratamiento, mejoran las posibilidades de disminuir el impacto que la misma va a tener en nuestra población.
En unos días se levantará la cuarentena, a pesar de que la amplíen una semana más. Y aquí radica lo importante. Cuando se levanten las restricciones de circulación no se acaba todo, por el contrario, se abre el telón para que comience. La situación de Brasil, y posiblemente la de Chile, en ese momento nos van a permitir tener conocimiento de la magnitud de la situación en la región más inequitativa del planeta, posiblemente en ambos países ya con circulación no controlada del virus y etapa de mitigación avanzada. En dos semanas vamos a tener conocimiento real del impacto de la misma en Estados Unidos, actualmente el tercer país en cantidad de afectados, y que presenta un sistema de salud muy diferente a los de Europa y Asia. Empezará la circulación local en un par de semanas y nada hace prever que durará poco. Posiblemente nos espere un largo otoño por delante, y por eso deberíamos maximizar las oportunidades que este tiempo extra nos brinda.
Deberíamos aprovechar esta etapa de tensa calma, en donde en general estamos abrumados de información y de malas noticias, para lograr claridad en el rol que cada uno de nosotros deberíamos tener. Las características que demostró tener esta virosis son una alta tasa de contagio, y una mortalidad elevada en personas mayores de 60 años, generalmente con otras enfermedades, y particularmente en los mayores de 80. La velocidad con que se propaga el virus hace que sea imposible prever una respuesta del sistema sanitario en situaciones de circulación libre. Los únicos países que han logrado no saturar sus sistemas fueron los que lograron frenar el contagio por restricciones de circulación poblacional. Una cuarentena como la actual es imposible
de sostener por mucho tiempo, pero si cada uno de nosotros entiende que la posibilidad de cuidarnos y cuidar al resto depende de intentar disminuir los contactos sociales, posiblemente logremos que la epidemia no colapse los sistemas asistenciales que están siendo adecuados para aumentar considerablemente su oferta.
Las largas colas de turistas intentando disfrutar los días de la cuarentena demuestran una marcada inmadurez en nuestra población. Ojalá este tiempo de restricciones permita que entendamos la seriedad del tema que enfrentamos, y que estamos muy confundidos si creemos que no nos va a afectar. Es probable que una parte importante de la sociedad considere que por carecer de enfermedades o tener menos de 60 años están exentos del riesgo. Esto no es verdad, no sólo porque eventualmente nos puede afectar, sino porque un sistema colapsado no permite la accesibilidad ni los recursos que necesitan emergencias cotidianas como accidentes, infartos, problemas relacionados con los embarazos y los niños. Sí, no son grupos de riesgo para el COVID-19, pero puede convertirse en víctimas paralelas, daños colaterales, del colapso del sistema.
Por esta situación es imperioso que cada uno ayude con lo que pueda. Disminuir la circulación, disminuir el contacto social, evitar las aglomeraciones, etc. En breve, seguramente las autoridades locales del sistema de salud provincial, al igual que los centros médicos y la clínica de la localidad, brindaran la información necesaria a la población para organizar los requerimientos asistenciales. Es muy importante que todos podamos prever las alternativas de las cuales disponemos para hacer más efectiva la atención en el momento en que se necesite. El cuadro que provoca la virosis es similar a una gripe, y tiende a agravarse, sólo en algunos casos, cerca del tercer día. Esto es muy importante, porque la aparición de síntomas no requiere una consulta inmediata ni desesperada. La información circulante produce pánico y eso se traduce en convertir el primer síntoma en una urgencia. La consulta no dirigida aumenta mucho el riesgo de esparcir la enfermedad, y de enfermarme si no la tenía. Es tiempo de que cada uno elabore su plan de acción, averigüe con su médico de confianza si lo puede contactar ante la aparición de síntomas, consiga el teléfono del centro de salud más cercano a su domicilio, o esté atento a las recomendaciones que al respecto hagan las autoridades del hospital y los medios que el mismo sugiera para comunicarse oportunamente. Si respetamos las indicaciones que en un momento tan delicado nos brindan, seremos responsables entre todos de los logros alcanzados.
Cerca del 80% de los infectados cursan la virosis como un resfriado, sin grandes síntomas ni inconvenientes. Son estas personas las que llevan habitualmente la virosis a las personas susceptibles. Una de las explicaciones de la diferencia de mortalidad que tiene la pandemia en los distintos países de Europa radica en las costumbres sociales. Mientras mayor afecto y convivencia con adultos mayores hay, la mortalidad se eleva considerablemente en este grupo. En esta instancia debemos maximizar los cuidados preocupándonos por nuestros familiares ahora, compartiendo lo necesario y extremando las medidas ya conocidas para disminuir el contagio.
Un dato no menor de esta pandemia es la afectación del personal sanitario. No solamente aumenta considerablemente su trabajo y su responsabilidad, sino que el virus tiene una tasa de contagio en el personal de salud mayor que en la población habitual. No solamente debemos considerar los riesgos para su salud y la de su familia que esta situación conlleva, sino que otra de las causas de los colapsos de los sistemas sanitarios es que el personal sale de funciones durante 14 días. Una infección masiva de personal dejaría inviable el sistema local. Los cuidados que
tomarán los encargados de la asistencia de los pacientes con síntomas respiratorios son acordes a los protocolos de la OMS, por eso es imprescindible respetar las recomendaciones y los canales de atención que sean sugeridos en cada etapa. Si no respetamos los canales de atención que sean sugeridos, exponemos a personal sanitario sin las medidas de protección adecuadas, pudiendo correr el riesgo de perder capacidad asistencial de vital importancia para sostener el sistema.
Una de las medidas para evitar el contagio es enunciada como el distanciamiento social. Pierre Bourdieu, un sociólogo francés fallecido en 2002, considera a la distancia social no como un hecho físico, sino en términos de relación. Uno puede estar físicamente al lado de alguien en un medio de transporte, pero con una distancia social inmensa por no conocerlo, no interaccionar y no compartir intereses. Por el contrario, durante el mismo viaje uno puede estar comunicándose por medio de la tecnología actual con alguien a kilómetros de distancia, distancia esta última física y con cercanía social. Nos esforcemos en esta etapa por tener menor contacto social, mayor distancia física, y una cercanía social que nos permita compartir el interés por el bien común y la protección de los más vulnerables. La construcción de ciudadanía y la responsabilidad colectiva nos va a permitir obtener un mejor resultado ante esta crisis que está atravesando el mundo.
Esta crisis no la resuelve un sistema, una persona o un partido. Todos debemos hacer un gran esfuerzo en el rol que nos toque, porque la única forma de combatir la pandemia y disminuir su impacto negativo, es combatirla entre todos.

Pablo F. Dutto