14 May, 2020 por

Licenciada Yanela Duimich: «No somos nosotros solamente los que estamos con ellos, ellos también tienen a los papás encima todo el tiempo»

La cuarentena impactó directamente en la vida y salud de todos, hizo que cambiemos la forma en la que trabajamos, hacemos las compras y nos relacionamos con el mundo.

Los niños y adolescentes no son ajenos a esa transformación que está sufriendo el mundo por la pandemia de coronavirus (COvid-19).

Por el contrario, ellos dejaron de ver a sus amigos, de ir al colegio y de disfrutar de sus actividades fuera de casa.

Lacar Digital entrevistó a la Licenciada Yanela Duimich para entender un poco mejor como ayudarlos a atravesar este momento que tanto impacto causó en nuestras vidas cotidianas.

«Es difícil para todos esto que estamos viviendo, para los chicos y los grandes» manifestó Yanela y agregó «complejiza mucho todo, ahora los padres tienen un rol de organización en lo cotidiano, son padre, hijo, empleado, amigo. Todos los roles juntos y en simultáneo».

Muchos niños y adolescente visitaban el consultorio y golpe los «el adulto que antes esperaba afuera ahora nosotros necesitamos que nos tengan el celular, nos armen una escena, manifestó, surge la posibilidad de tener a los padres en lo vincular, algo que en la clínica de niños es ideal pero en otro contexto».

Al principio intentamos acompañar y repetirnos que esto ya iba a pasar y de pronto «nos damos cuenta que esto será una nueva modalidad de vida por largo tiempo» manifestó Yanela que es especialista en niños, adolescentes y discapacidad y que trabaja con TEA (trastornos del espectro autista) y TEL (Trastornos Específicos del Lenguaje).

«Lo fundamental en principio es entender que no hay una receta de qué hacer o no con los chicos porque no hay precedentes», recalcó.

Entonces surge «¿qué parte le toca a uno en este momento?» y la respuesta es poner «limites, límites como ordenador, no como castigo».

Argumentó que debemos explicarles nuestras decisiones «¿importa que pase la noche con el celular? ¿Por qué?» y entender que «los límites los ponemos para cuidarlos (aunque) el límite es medio caprichoso, no formula la necesidad del chico».

También la Lic. Yanela Duimich explicó que de pronto «el adentro y el afuera se perdieron, hoy es todo el adentro, no tenemos intervalos de adentros y afueras y que el límite es el cuidado del hijo como adulto».

«Las normas, para los niños que no las comprenden son antipáticas. Sirve para ordenar, pero nosotros tal vez no nos ordenamos» indicó.

Duimich aseguró que «no hay una receta que funcione, cada casa tiene su particularidad. Estas nuevas organizaciones de hogar se dieron sin saber bien cómo. Se empieza a limitar en función de las posibilidades. Estos límites no deben ser tan rígidos porque es nuevo, raro».

Corriendo el eje de la visión adulta y analizando los sucesos desde la perspectiva del niño señaló «ahora lo que nos pasa es el tema territorial, hay un todo el tiempo adentro, no hay presencia ni ausencia. No somos nosotros solamente los que estamos con ellos, ellos también tienen a los papás encima todo el tiempo».

La vida cotidiana se divide ahora entre un sinfín de actividades: ser empleado, chef, mamá/papá, maestra/o, etc.

«¿qué va a pasar, se van a atrasar?, ¿y si se atrasan, repiten todos?” es uno de los miedos que genera el no saber cuándo volverán a clases.

“Hay escuelas que hacen 6 horas seguidas de clases por internet, otras menos y algunas muy poco y no sabes bien qué es lo que sirve».

Yanela, explicó que lo que hay que entender es que «se aprende desde la vincularidad, los chicos no se olvidaran nunca de sus papas al lado de ellos en este momento. Se puede ayudar organizándonos, dividiendo las tareas que mandan”

“Sin pánico, sin mostrar miedo a los efectos. Sino ellos suman miedo» detalló.

Muchos chicos quieren saber cuándo va a terminar esto y cuando van a poder volver al colegio y a su vida habitual.

«Les podemos decir que no sabemos, indicó, y podemos buscar la forma de generar otros encuentros. Aquellos que tienen acceso a la tecnología pueden generar muchos vínculos. Se necesita generar otro tipo de comunicación. El otro está, no desaparece por no estar presente».

En cambio, con los adolescentes parece ser todo más complicado «lo que pasa con los adolescentes es muy distinto a lo que pasa con los niños. Están en un momento que necesitan separarse de sus papás. El territorio se volvió uno y eso complica todo. La separación física de los papás y la cercanía de los amigos, sufren. Son los que más lo sufren».

Entonces el tema está en cómo hacer para que se cuiden y no arriesguen su salud  «hay que buscar la manera que todas las cuestiones del cuidado no sean un mandato porque se puede abrir la puerta a la transgresión. Hay que hacerlos parte del mundo adulto» remarcó Duimich.

«Para eso los adultos debemos entender lo que pasa. El Coronavirus nos permite pensar en cómo somos como sociedad, nos pone en ese lugar de cuidarse más por el otro que por uno. Estamos cuidando la salud entre todos. Todos podemos hacer algo para ayudar al otro, el adolescente tiene que sentir ese poder de sumar» destacó.

La situación actual que atraviesa el mundo «pone en escena el vínculo previo» con ese chico.

Después de mucho esperar, parecería, que las salidas recreativas van a llegar a San Martín de los Andes y con ella el miedo a que los jóvenes salgan y no cumplan con el distanciamiento social.

«Hacerlos partícipes desde un lugar responsable, confiar en el juicio de ellos. Si pensamos que no van a cumplir con las normas, estamos desconfiando, habría que construir un vínculo previo de confianza. En algún momento hay que volver a la vida y lo que hay que trabajar es perder el miedo a la idea de enfermarse».

El gran dilema está en cómo hacemos para acercarnos cuando la naturaleza del adolescente es alejarse de los padres «el proceso del adolescente es cuestionar el discurso paterno, los saberes paternos» lo que tenemos que aprender nosotros es «cómo transmitimos un saber que no sea absoluto”.

“Ver, entender cómo se siente el adolescente, qué le gusta» remarcó.

«Los padres en la infancia fueron héroes siempre, el adolescente hace que se caiga esa imagen. Mucho de lo que dicen no es enserio, es algo así como un descargo rebelde. Hay que estar, acompañar, escuchar» concluyó.