13 Ago, 2019 por

Manuel Cuffoni: el escultor sanmartinense que funde la belleza de la patagonia en la madera

 

Hoy con nombre y apellido propio, Manuel logró volcar en la madera las bellezas que la patagonia nos regala, la fauna autóctona nace de manera natural en sus obras. Su mirada es única, su forma de sentir hace reflexionar frente a lo que la naturaleza nos brinda, donde nosotros vemos sólo un trozo de madera Manuel ve vida, con su gubia nos cuenta historias, nos relata anécdotas  «todo se originó en San Martín de los Andes, yo tenía un taller de enmarcados en Villa Paur y ahí comencé a estar cerca de obras que fueron inconscientemente alimentando algo dentro de mí, yo preparaba cuadros para artistas locales de renombre y ellos fueron dándome sus técnicas, sus conceptos y fui descubriendo poco a poco mi pasión por la madera, ella en estado natural me cuenta su tiempo, su mensaje, cuando encuentro un fragmento de madera en el bosque, es ahí cuando el tiempo se detiene y comienza un diálogo con la madera y mi espíritu interior. Hoy vivo en Villa Traful, rodeado de bosques y lagos, desde aquí mismo busco pedazos de maderas erosionadas por el paso del tiempo, donde el sol, el viento y la nieve dejan huellas únicas en ellas, ya sea en texturas o matices que dan orígenes a la inspiración, ahí comienza a fluir todo» expresó Manuel.

Nace un artista

Talento, esfuerzo, carisma, personalidad y trabajo suelen combinarse para que un artista fluya, ahí es donde encontramos a Manuel, sentando las bases para consagrarse como uno de los artistas más imponentes de la patagonia. De manera anecdótica, en sus comienzos en Merlo nos cuenta Manuel  «un día me encontré con un trozo de madera, parte de una hamaca que utilizaban mis hijos, abandonada, la vi deteriorada y pensé en echarla al fuego, luego observé en ella una veta distinta, algo me quería insinuar, era la figura de un águila y allí se despertó mi curiosidad como una fuerza arrolladora, algo se había despertado en mí,  algo que desconocía y en ese mismo instante nació mi primer tallado, de manera autodidacta, casi sin forzar nada, simplemente me dejé llevar» reveló a Lacar Digital.

A la pasión hay que encontrarla, no esquivarla y es así que Manuel fue descubriendo su amor por fundir la fauna en sus tallados «de a poco fui descubriendo mi atracción por la fauna patagónica, quizás porque fue el lugar donde crecí, donde me crié, a pesar de que vivía en Merlo, en una villa pequeña en San Luis tras las Sierras, siempre existió en mi la nostalgia de volver a la patagonia, la belleza que tiene esta zona es incomparable y es por eso que decidí volver a vivir a Villa Traful, donde muchas veces me cruce y me cruzo con animales, son momentos únicos, que te dejan un registro inolvidable. Cuando inició una obra y quiero plasmar un animal en un trozo de madera, me nutro de información, de imágenes fotográficas, observo sus debilidades, su carácter, su máxima virtud y estudio la vida completa, así fluye de manera natural el diálogo entre la obra y mi ser, una inquietud interna que se abre paso. Las maderas que busco son de ríos y lagos de la zona, eso me permite también conocer pobladores del lugar, charlar y muchas veces me encuentro con relatos y creencias, lo que me inspira en la búsqueda del próximo personaje. Cuando salgo en busca de una pieza y no la encuentro vuelvo frustrado y ahí me levanto de nuevo una y otra vez hasta que ella aparece casi sin forzarlo con su llamado. Desde ahí comienzo el tallado, trato de sacar lo que ella me permite, mas bien intento continuar su forma, acompañarla de manera y tamaño natural. Mis obras por lo general reflejan mi estado emocional, concentro en el ojo del animal todo el carácter, la información se plasma, allí se ve el detalle, la personalidad, todo está centrado en la mirada,  la música me acompaña, es fundamental en mi atelier, me transporta al desierto, al agua, al viento, a las sombras, a la luz, todo en el desafío de realizar la próxima pieza.  A lo largo de la trayectoria han habido obras que han marcado un quiebre, que me han hecho sentir una conexión conmigo mismo y el entorno que me rodea, eso de algún modo me puso en un plano diferente al que yo venia trabajando y es de ahí que surge SIETE LAGOS, como una necesidad, una obra de gran dimensión, una muestra donde estoy poniendo todo de mí, son siete personajes, siete miradas, siete lugares, basada en la fauna autóctona de la patagonia. La idea es concluirla para fin de año y poder presentarla en el Hotel Le village» remarcó Cuffoni.

La familia el pilar de un gran artista

Como toda gente de bien, Manuel también se apoya en su familia, sus hijos y su esposa Evangelina, ellos logran dar la contención que necesita para plasmar en sus obras sus sentimientos, su yo interior «tengo que destacar a mi familia que me acompaña permanentemente, Lolo uno de mis tres hijos es quien siempre está al lado mío en la búsqueda, me ayuda en los montajes y puesta de escena de los trabajos y ya comenzó a hacer sus primeros tallados, no podría sentirme mas cómodo que con él,  Evangelina, siempre incondicional estuvo en mis comienzos, en mis mejores y peores momentos  y Agustina la mayor de mis tres hijos, alegra mi atelier con la música de su violín» nos contó emocionado.

Las obras terminadas siempre quedan en buenas manos

Ante la pregunta a Manuel del registro de sus trabajos,  nos contó que lleva realizadas 85 obras en un lapso de tiempo que no supera los tres años, cada una tiene un número de patente y se va con su certificado de autenticidad. El artista suele mantener un fuerte vínculo con quienes adquieren sus trabajos y la comunicación es fluida entre las partes, a tal punto de forjar amistades fuertes y sólidas que perduran en el tiempo. Ya sea por pedido y/o por encargo, quien ve las obras de Manuel queda atrapado en un burbuja de tiempo y espacio, la madera muerta se transforma en vida  y así se nutre el vínculo entre quien esta frente a ellas, vínculo que ya no le pertenece más al artista, sino al nuevo dueño de ese mensaje emisor.