23 Abr, 2020 por

SAN MARTIN DE LOS ANDES, UN PUEBLO INMENSO POR SU GENTE

Desde que el Covid-19 arribó a nuestro país se vienen llevando adelante numerosas acciones para evitar mayores contagios y poder finalmente aplanar la curva. Entre esas acciones preventivas se sumó el uso obligatorio de barbijos en todo el territorio provincial y los vecinos de San Martín de los Andes están cumpliendo de la mejor manera con la misma, independientemente de la posibilidad de acceso que tienen a los tapabocas,  ya sea económicamente o por el grado de disponibilidad de los mismos en las farmacias y negocios de la zona.

Afortunadamente, en una localidad famosa por sus virtudes geográficas y turísticas, no tardaron en darse a conocer las actividades benéficas de su gente y de distintas instituciones, como el Club de Leones, que se encargó de comprar los materiales y producir en gran escala los tapabocas entre los vecinos de la localidad que los necesitaban.  Pero también vale la pena mencionar y difundir el esfuerzo y dedicación de los vecinos que, desde sus hogares, decidieron trabajar en su confección y colaborar con “el que está cerca”, extendiendo su mano solidaria para contribuir en este esfuerzo que tenemos que hacer todos. 

No se trata de empresas, de instituciones, sino de personas que desde la intimidad de sus hogares, deciden ver qué es lo que pueden hacer por el otro, y así suman su granito de arena a estas causas que nos involucran a todos. Así conocimos a María del Carmen, una vecina jubilada quien desde su hogar de Altos del Chapelco comenzó a confeccionar barbijos para los vecinos que, por una razón o por otra, no podían tener uno.

“ Tengo 70 años, soy jubilada. Me dediqué a la confección de indumentaria por muchos años y ahora vivo con mi mamá de 94. Cuando ocurrió lo del Coronavirus, ella justo estuvo internada y como recibí una gran ayuda de las patrullas del PAMI para asistir en distintos trámites y además por la gran solidaridad que hay en la localidad, quise devolver esa ayuda de esa manera”, comentó la vecina a Lacar Digital.

María del Carmen confecciona barbijos en su casa. La costura no es su herramienta de trabajo, como fue la peluquería hace unos años, pero sí es una de sus tareas de todos los días, que no le da dinero pero le trae la satisfacción de ayudar a quien lo necesita en tiempos de extremos cuidados y donde cada buena acción suma. “Los hago con bolsillo para poder poner el papel, estos barbijos están totalmente aislados, no dejan pasar el virus”, detalló. Tengo unos con unas telas de colores que me dieron. Hago para mujer y de otros colores para hombre” explicó a Lacar Digital. Además María integra, con muchos vecinos de la zona, un grupo de whatsapp en el cual enseguida respondieron para acercarle los insumos que necesitaba para seguir confeccionando. 

No tardaron responder Silvana, Juana, Mari, Silvina y varios vecinos más. “También me mandaron friselina de la Municipalidad”, agregó, relatando cómo, de distintas maneras, todos podemos ser parte de un engranaje que permita cambiar una realidad que nos preocupa.  Cada vecino aportó los insumos necesarios para que pueda seguir trabajando. “Fran me consiguió elástico porque yo no tenía más y tampoco podía bajar a comprar a la mercería.  Me trajo diez metros, después otros diez. El marido de la señora que me ayudaba con mamá me consiguió otros setenta metros” comentaba María, sobre la reacción de la gente: “Es hermoso cómo se mueve todo, la solidaridad a mí emociona”, agregó. Y realmente se notaba en su voz el orgullo que sentía por lo que está pasando. 

Todas las tardes, luego de atender a su madre, María del Carmen sigue confeccionando barbijos para aquellos que no tienen. “Hice para la gente de la Caminera, para las personas que asisten a mi mamá, los que necesitan me piden y yo los voy haciendo”. Independientemente de la disponibilidad de este producto en el mercado local también está en factor económico, dado que algunas personas llegaron a venderlos por más de cien pesos. “Me enojó que la gente lucrara con esto”, comentó la vecina, Cuando vi que se cobraban 120 pesos vi que había gente que no tiene plata para comprarlos, así que me esforcé y me puse a hacer más. Después subí al Facebook mis cien barbijos entregados, pero ahora ya perdí la cuenta de cuántos hice”.

No sólo el Covid-19 es contagioso, también lo son las buenas acciones, y éstas se fueron replicando con el correr de los días. No faltaron los vecinos que hicieron las compras para quienes están cerca y no pueden salir, otros que compartieron productos de sus alacenas para que no salga nadie. O el que, alambrado de por medio desde el jardín no faltó con su pregunta “¿estás bien? ¿necesitás algo?”. Revertir las cifras y hacer que esta pandemia se lleve la menor cantidad de víctimas posible, está en nuestras manos, no sólo depende de las autoridades. María y sus vecinos, como ocurre en otros barrios de la localidad, nos mostró que cada uno de nosotros puede ayudar a cuidarnos. Vos, cómo lo vas a hacer?