25 Nov, 2020 por

¿A qué planeta te fuiste?

¿En serio murió Maradona? Maradona murió un rato antes de que se anunciara su muerte. Escribe Leo Farinella. 

 

Murió Diego Armando Maradona. El título es malo pero el impacto, enorme. ¿En serio murió Maradona? Maradona murió un rato antes de que se anunciara su muerte. Los periodistas, siempre ávidos por dar la noticia, por tener la primicia, esta vez se peleaban para no dar la información que nadie quería dar. Por más compromiso con la información que tengas, se seca la garganta, se humedecen los ojos, se nubla la cabeza. Quedas stand by. Una enorme pausa no te deja pensar.

Maradona es la bandera de la patria. Es el corazón argentino. Es el gol más maravilloso de la historia de los mundiales a los ingleses y también otro en el mismo partido en el que eludió a todos… Hasta eso es Maradona. Dios y el Diablo habitando el mismo cuerpo con cinco minutos de diferencia.

Maradona es el nene diciéndole a la cámara que su sueño es jugar en el Mundial. Es el héroe puteando a los tanos que silbaban nuestro himno. Es eso, nuestro héroe, el que nos defiende de todos los malos que quieren ganarnos. Es el símbolo de la alegría, la rebeldía, el protestante, el polémico, el que va de un bando al otro pero nunca jamás se olvidará de sus orígenes. Es el padre de la patria, con hijos de siempre y otros finalmente aceptados. Es la pieza de Fiorito y la mesa de oro con el jeque. Le pegaron una patada en el culo y lo mandaron a la cima del mundo.

Eso dijo Diego que es ser Maradona.

Barrilete cósmico, de qué planeta viniste, se preguntó Víctor Hugo Morales es un sensacional relato del segundo gol a los ingleses, lo que para el imaginario popular constituía la revancha de la guerra de Malvinas, la venganza de los pibes a los que los milicos habían mandado al muere. Todo eso reivindicó Maradona. Barrilete cósmico, ¿a qué planeta te fuiste?

El Diego de los últimos tiempos, irreconocible, enfermo, viejito, con dificultades de movilidad y el rostro de alguien salido recién de un postoperatorio, no era Maradona. Era un Diego triste, que sólo encontraba felicidad en el pasado, en los años que nunca más iban a volver. Un Diego melancólico, acompañado pero solo, en la soledad más absoluta de no poder hacer lo que quería.

El cuerpo le dijo basta hace bastante. Lo que pasa, lo que nos pasa, es que Maradona hizo tantas gambetas, dejó a tantos desparramados y en ridículo, amagó tantas veces que nadie se animaba a decir lo que todos veíamos pero nadie quería ver.

La cosa pintaba fea. Pero tantas veces Diego hizo jueguitos con una pelota de golf en la cornisa que todos pensábamos que iba a volver a zafar. Nos volvió a dejar pagando.

Hay quienes piensan que Diego no tuvo ganas de gambetear esta vez. Es hora de dejar que el cuerpo que habitaba al mito descanse en paz. Maradona no murió ni morirá jamás. El que nos hizo felices, el campeón, el cebollita, el nene que soñaba con jugar en el Mundial, el 10 de la Selección, el que tenía de ídolo a Bochini, el que salió de Argentinos y se abrazó a Boca, el que hizo conocida a la Argentina en el mundo, el que nos hizo despertar de madrugada en aquel inolvidable juvenil de Japón, el brillante del Mundial de México, el del tobillo destrozado en Italia, el capo de Nápoles, el del inmenso dolor del doping del 94. Más argentino que el asado y que el dulce de leche. Dios recuperó su mano derecha.

Por Leonardo Farinella