7 Feb, 2021 por

«Mundo»: Héroes silenciosos que nunca dejan de estar

El incendio del 4 de Febrero mostró varios factores que hacen de esta ciudad un pueblo querible, un lugar donde todos queremos estar. La solidaridad, la empatía y el «ayudar como sea» se volvieron un único lineamiento en un momento angustiante y de mucho miedo que se dio al ver la montaña encendida por completo días atrás. Se organizaron naturalmente en equipos que derivaron en una gran mano para los bomberos y brigadistas que intentaban parar el fuego con lo poco que tenían a mano y con muchos faltantes. No podía ser de otra manera para «Mundo», con sus 82 años de edad se arremangó la camisa y desde un lugar importantísimo para la base de operaciones comenzó a trabajar una vez mas en lo que mas sabe. Su traje de bomberos lo lleva en la piel porque la vocación no tiene edad, ni cargos, ni nombres.

El periodista Mario Cippitelli que tiene en su pluma una calidad única de rescatar historias de vida por toda la región y sobre todo ponerle el tinte justo de sentimiento a cada una de sus notas, no dudó un segundo en llamar por teléfono a familiares y amigos, al propio cuartel Edmundo Demateo, porque así se denomina uno de los cuarteles de Bomberos de la ciudad. Ubicó a este gran hombre y logró una reportaje único e inolvidable.

Edmundo Demateo, el Perro o simplemente Mundo como se lo conoce en la ciudad se sentó junto a un teléfono que su sobrina le preparó para que pueda escuchar las preguntas de Cippitelli y surgió esta hermosa entrevista que compartimos:

Edición Impresa Diario La Mañana de Neuquén/ Domingo 7 de Febrero 2021

Su pasión como bombero pudo más que sus 82 años en el incendio de San Martín

Trabajó toda su vida al servicio de la comunidad. En el último y reciente incendio también fue un protagonista. La historia del bombero Edmundo Demateo.  Por Mario Cippitelli

Los superhéroes no tienen fecha de vencimiento. No mueren, nunca renuncian ni se retiran, por más que el tiempo pase y el mundo gire millones de veces. Ellos están allí dispuestos a actuar, sin expectativas de recompensas y sin otro interés que el de ayudar. Son superhéroes, un rol que eligieron sin darse cuenta, pero que el destino se encargó ubicarlos en el momento justo, de mayor dramatismo; en ese instante donde hay un límite desdibujado entre la vida y la muerte.

Edmundo Demateo es uno de ellos, aunque no lo sabe o le da pudor reconocerlo porque los superhéroes no están para recibir elogios. Se lo recordaron una y otra vez después decenas de actuaciones valientes. Pero el siempre respondió con una sonrisa cansada, como diciendo “ya pasó y ahora hay que prepararse para la próxima”.

Edmundo (“Mundo” o “El Perro”, como lo conocen en el pueblo) tiene 82 años, pero la primera vez que se probó el traje de superhéroe fue cuando tenía 15 y participó en la creación de un cuerpo de bomberos voluntarios en San Martín de los Andes. Los constantes incendios y los accidentes que sucedían en aquella época obligaron a la comunidad a organizarse y a comenzar a establecer las bases de esta institución.
Edmundo había llegado a la región siendo un niño. Nacido y criado en Tres Arroyos, descubrió la magia de la cordillera cuando su padre, de profesión carpintero, decidió buscar nuevos horizontes laborales. La familia se estableció primero en Bariloche y luego se radicó definitivamente en San Martín. Allí supo que no quería ser otra cosa que bombero.

Fotos y videos: Gentileza Rocio Demateo para Lacar Digital

Durante cinco años vivió en Neuquén Capital mientras estudiaba en la escuela industrial. Cuando regresaba a la ciudad en los veranos, trabajaba como mecánico en un taller local. Allí aprendió ese oficio secundario que lo vincularía de manera inmediata con su gran pasión.

“Siempre quise ser bombero. Desde que era un chico. Por eso lo llevo adentro”, asegura. Dice que nunca bajó los brazos ni siquiera frente a la adversidad como cuando contrajo una meningitis en el año 99 que lo dejó prácticamente sordo. Como pudo siguió adelante, en alerta cada vez que sonaba la sirena, arreglando los vehículos del cuartel, corriendo a apagar fuegos o rescatando víctimas de accidentes, para él la peor pesadilla.

“Los incendios no son tan difíciles como los accidentes; eso sí es horrible”, se sincera emocionado. Y recuerda uno en particular que no puede borrar de su memoria.

El 5 de marzo de 1979 un colectivo que transportaba trabajadores del cerro Chapelco a la ciudad, rompió la dirección y cayó por el barranco al lago Lácar. Eran las 17.30 cuando la noticia llegó al cuartel y de allí salieron todos los bomberos para realizar las tareas de rescate que se prolongaron durante horas. Edmundo y sus compañeros retiraron heridos y muertos del vehículo, cargaron cuerpos en camillas y vieron la muerte de frente, en su peor versión. Fue una rutina espantosa que se repitió hasta en horas de la noche, sin más luz que la que les brindaban las linternas y con la desesperación por tratar de salvar a la mayor cantidad posible. Pero el saldo de aquella tragedia sería muy alto, pese a los esfuerzos: 17 personas murieron.

La vida de Edmundo siguió adelante, pese aquella “derrota”. Continuó colaborando con todo lo que tenía a su alcance para que el cuartel se fortaleciera y fuera incorporando más herramientas para sofocar incendios y salvar vidas. Y así apagó mil fuegos, y participó en otros tantos rescates, sin importarle nada más que su servicio. “El tiempo te hace más fuerte”, reconoce después de tantos años de trabajo. En forma paralela formó una familia que hoy lo admira, lo ayuda y lo cuida. Tres hijos que están pendientes de él y dos nietos que le regalan ternura.

«Distinción al mérito»

A modo de homenaje, en 2014 el Concejo Deliberante de San Martín le otorgó la “distinción al mérito”, por su incansable lucha al servicio de la comunidad y en 2019 el cuartel de bomberos fue bautizado con su nombre.

Todo indicaba que la vida de Edmundo, ya jubilado, sería más tranquila, sin tantos sobresaltos, pero su alma de bombero sigue intacta, más allá de los años. Lo demostró hace pocos días cuando un enorme incendio en el cerro Comandante Díaz mantuvo en vilo a la comunidad. La sirena rompió la calma del pueblo y en el cuartel se activaron todos los protocolos para intervenir.

A los 82 años, Edmundo asegura que sigue siendo un bombero y que está dispuesto a colaborar en lo que sea con tal de dar un servicio a la comunidad

Edmundo, quien recién se había vacunado contra el Covid19 y hacía reposo en su casa por prescripción médica, alcanzó a escuchar aquella alerta que lo acompañó siempre y que su sordera no se la filtró. Inmediatamente se fue al edificio de bomberos para ver en qué podía ayudar.

Sus compañeros lo miraron asombrados. Sus ganas de colaborar eran más fuertes que sus achaques de viejo.

Durante las horas que duró el siniestro, Edmundo cargó los camiones con agua que llegaban sin pausa una y otra vez luego de descargar el líquido en las viviendas que ya habían alcanzado las llamas.

¿Cuánto tiempo estuvo trabajando este viejo testarudo? No se sabe bien. Pero fueron muchas horas interminables.

Cuando todo terminó uno de los integrantes del cuartel le tomó una fotografía, acaso impresionado por el aspecto que tenía el experimentado guerrero después de tanta tensión.

En la imagen se lo puede ver cansado, apoyado contra una pared de madera y los brazos cruzados en su espalda, con sus ropas mojadas de tanto cargar agua y un barbijo para recordar que aún en los momentos más dramáticos hay que cuidarse de la nueva peste.

Foto: Fabian González Prensa Bomberos Voluntarios San Martín de los Andes.

La hermosa instantánea lo muestra sereno, con la mirada de los hombres que vieron de todo a lo largo de tantos años y una expresión de advertencia que confirma aquel viejo adagio que dice que los superhéroes no tienen fecha de vencimiento, no mueren, nunca renuncian ni tampoco se retiran.